domingo, 27 de octubre de 2019
COMO SOLÍAMOS HACERLO.
lunes, 26 de agosto de 2019
AL VACÍO.
Y que quise andar descalzo sobre el suelo de tu espalda.
De puntillas
Sin hacer ruido más allá del atronador silencio que hacía mi corazón al palpitar al ritmo de tu respiración
Como si un tambor pudiese sonar igual que las olas retirándose de las piedras de la orilla de esa playa que es tu nuca
Tu ombligo
Y esa pendiente que baja desde tus caderas hasta el interior de tus muslos.
Así, disfrazado de gota de sudor, mezclado que no agitado, con parte de mi saliva y la humedad de tu respiración a golpe de suspiro, me dejé soltar al vacío.
Al vacío que dejabas en mi vida cada vez que cerrabas la puerta por fuera.
domingo, 25 de agosto de 2019
EL BAÚL DE LOS AMORES PENDIENTES.
Si, aunque te cueste creerlo, hubo un momento en que me enamoré de ti.
No sé si fueron apenas unos segundos, si duró algo más que minutos o si ocurrió durante esas horas que compartimos en que te sentí tan cerca mío.
No se cuanto, pero lo que si sé es como.
Hubo ese momento en que te miré y nunca jamás quise que nuestras sombras dejasen de jugar juntas.
Esa décima de segundo en la que el mundo dejó de existir a mi alrededor y en la que tus gestos, tu risa, esa forma de hablar que me encandiló, ese mechón de pelo cayendo sobre tu cara y ese brillo deslumbrante que habita en tus pupilas pasaron a cámara muy lenta.
Tan lenta que hubiese jurado que me duró toda la vida.
Si, existió ese preciso momento en que hubiera matado por morir en tus brazos, aunque fuese envenenado por tus labios y ahorcado con tu pelo.
Me enamoré de ti y de repente, dejé de hacerlo.
O quizás te dejé guardada en el baúl de los amores pendientes;
Que en el baúl de los amores imposibles están todos aquellos que duraron más que ese instante pero que no llegaron a ser eternos,
Como deben ser los amores verdaderos.
viernes, 9 de agosto de 2019
EL NIÑO MÁGICO.
Hace cierto tiempo, conocí una persona excepcional encerrada en el cuerpo de un niño, de unos 9 años creo recordar que tenía entonces.
Un niño cariñoso, de esos que eligen a las personas a las que querer aunque siempre tenga una palabra amable y una sonrisa para casi todo el mundo.
Pero es él quien elige a quien abrazar y decirle "eres el mejor" en mitad de ese abrazo y de esa manera, hacerte sentir que después de todo y de todos, no debes ser tan malo y te sientes afortunado de saber que serás importante para él en un futuro al igual que él será parte de ti el resto de tu vida; se lo gana a golpe de corazón.
Dicen, que cuando coges a un mago y lo pones delante de un niño, hay 2 tipos de reacción que definen que tipo de niño es; si tras hacer su número el mago, el niño se queda solo con la emoción del truco y la fantasía de la magia, te das delante de ti un futuro poeta.
Si por el contrario y tras el truco, el niño intenta descubrir como se hizo el truco, tendrás delante de ti un futuro científico.
Pues este, el niño mágico del que hablamos, será un poeta, porque su primera reacción es de sorpresa ante la magia de la ilusión, pero al momento se pone a buscar el por qué razonable de ese mismo acto, así que también será un científico genial el día de mañana, cuando pierda la inocencia y sea consciente del mundo en el que vivimos.
Y es que un niño tan cariñoso, tan cuidadoso con como hace y dice las cosas, tan despierto, tan inteligente, tan apasionadamente lector de todo aunque tenga predilección por dejarse llevar por las aventuras de fantasía encerradas en las páginas de sus libros, tan vitalmente ávido de conocimiento y experiencia es un niño mágico.
Da igual que prefiera los deportes individuales, no importa que en clase de Kárate prefiera estar haciéndose caras y gestos divertidos delante del espejo, carece de importancia si cuando le pasan el balón en cualquier deporte en equipo, no sepa como reacción ar y prefiera pasarle el balón a quien tenga más cerca.
Da igual.
Y es que los niños son eso, niños y hay niños especiales, aunque luego exista una raza de niños muy especiales, mágicos, la raza a la que el niño mágico pertenece.
Aunque a veces nos sea imposible saber comprender sus reacciones.
O sus razonamientos.
O que simplemente nuestros hijos no tienen que ser un calco de nosotros mismos a su edad; nuestros hijos son nuestros pero sus vidas, sus ilusiones y sus preferencias son suyas.
Porque no son perfectos, al igual que nosotros tampoco lo somos, aunque El Niño Mágico en cuestión sea imperfectamente perfecto.
Seguramente lo heredó de su madre.
jueves, 25 de julio de 2019
MIRADAS.
Dicen que hay miradas que matan....
Y si fuese así, yo estaría mil veces muerto porque cada vez que ella clavaba sus ojos en los míos, quería morir por acariciarla con mis pupilas.
Si las miradas matasen, me pondría delante del pelotón de fusilamiento de sus pupilas, para que disparase una y mil veces apuntando a este roto corazón.
Si fuese cierto que hay miradas que matan, digo yo que otras deben dar vida, deben salvarnos de pasados imperfectos acribillando a nuestros demonios solo con las chispas de alegría que brotan de esos sus dos ojos al mismo tiempo que brotan lágrimas felices de los míos.
En contra de esas miradas que matan, están las mías, que lo que hacen cuando bailan por su cuerpo es amar cada centímetro de esa piel con olor a salitre y aceitunas, a cada centímetro de esa piel del color de la arena de la playa mezclada con el brillo de la luna llena.
No, mi mirada no la mata, la mía le hace el amor, despacio pero con fuerza, con ternura y un temblor involuntario en mi pecho, con mordiscos, uñas y suspiros fluyendo por su espalda.
Si las miradas matasen yo estaría muerto, a base de la envidia que me tiene el mundo por haberla mirado con mis ojos después de que los suyos me diesen vida.
lunes, 15 de julio de 2019
SENSACIONES QUE CUENTAN
Deberíamos tirar todos los relojes, dejar de estar sujetos al tintineo de los segundos al caerse de los minutos, dejar de contar los minutos que se agolpan en manadas de sesenta para formar rebaños de horas que pasan más con pena que con efímeras glorias.
Deberíamos dejar de encadenar nuestra juventud a los trescientos sesenta y cinco días que construyen años que pasan y siempre pesan.
No tendríamos otra manera de medirlo todo que en sensaciones y así los viajes no serían más que un puñado de canciones que cantar a pleno pulmón por el simple hecho de que nos salen por la garganta y nadie nos escucha dentro del coche.
Las relaciones las mediríamos en número de "te quiero" sinceros y abrazos que nos reconstruyen cada vez que la vida se empeña en rompernos.
Las citas no serían más que la suma de miradas, de sonrisas incontenibles y de temblores de manos cuando la otra persona se acerca demasiado.
Llevariamos la cuenta de la duración de un polvo usando como unidad de medida la cantidad de saliva intercambiada, de suspiros exhalados y de gemidos entonados.
Así sabríamos que de casa al trabajo hay un "días grandes", que la última vez que tu cuerpo y el mio chocaron sobre una cama duró diez marcas de tus uñas en mi espalda, trece "ufff" que se escaparon, veintiún besos en tus seis labios, trescientas cuarenta y tres gotas de sudor disfrutadas y cinco lágrimas de placer que rodaron por tus mejillas en un susurrante "te amo" mío en tu oído.
Sabríamos también que tu recuerdo dejó de ser mortal para mí después de once mil doscientas sesenta y ocho lágrimas derramadas en tu honor, de cuatrocientos treinta y tres maldiciones y doscientos noventa intentos reprimidos de volver a escribirte.
Deberíamos saber cuantificar cuántas emociones nos da la vida a cada instante en lugar de ser esclavos de un tiempo que contamos como granos de arena que se escapan de nuestras manos mientras hacemos castillos en la playa que nuestra falta de imaginación y ganas destruyen como si fuese una ola en la playa.
IMAGINACIÓN AL PODER.
"Pero imagínate, que te digo al oído y muy bajito, vayamos a una esquina, soñemos con París"
Imagínate, que nos hubiésemos encontrado a la entrada de un cine, a la salida de un concierto, tomando un café en cualquier bar.
Imagínate eso y que nuestras vidas fuesen diferentes, que las únicas cicatrices que llevásemos fuesen tatuajes curados, que solo fuésemos dos extraños mirándose a la cara sin nadie más detrás.
Imagínate que esas alas que nos acercaron una tarde de verano no fuesen las mismas que te llevan lejos de aquí; esas mismas que te hacían volar delante mío mientras cruzabamos miradas y nuestras sonrisas perdían la batalla de no lucir alumbrandonos por dentro.
Imagínate que ese café de si o si, no fuese más que el primero de muchos otros y que decidimos al final bailar juntos, sin tangas ni ataduras, sin presiones, sin espías, en un escenario en el que sólo aplaudan nuestros cuerpos chocandose al reír, con miradas indiscretas y caricias sin reprimir.
Imaginate que yo soy yo y tú eres tú...y nada más.